martes, 4 de junio de 2013

Un fantasma para que te guíe en verano

Aquella noche, bailamos por las calles de Francia. Vimos a aquel hombre tocando la guitarra en la Place de l'Opéra. Tú no te pudiste resistir, y me arrastraste contigo. Debería de dejar claro desde el principio que esto no es el fragmento de una historia de amor. Un baile es solo un baile, aunque en realidad fueran unos nueve o diez. Y si cuando tuvimos que parar para reírnos porque nos faltaba el aliento, vimos que se nos habían unido otras cinco o seis parejas y que otras tantas personas habían hecho un circulo para mirarnos, no dijimos nada y seguimos bailando con aun menos aliento y lágrimas de hilaridad en las comisuras de los ojos. Qué noche la de aquel día, como dirían los Beatles en España en los 70. Y no está nada mal añadir a tu lista de logros en la vida "iniciar una pista de baile improvisado por la calle". Está justo al lado de "hacer reír a mis amigos" y "malcriar a un gato". Y si volviendo a casa desafiné Welcome to the Black Parade, que ya era vieja cuando la descubrí años atrás, ningún perro callejero me lo tuvo en cuenta, ya que probablemente lo achacaron al alcohol. Pensé que tal vez tuvieran razón, porque cuando uno de ellos me preguntó si seguía borracha, lo entendí perfectamente. Sí, en ese momento me di cuenta de que así era. ¿Cómo si no había entendido tan bien una pregunta en francés?

sábado, 25 de mayo de 2013

"Feria del libro" de Susana Fortes

"Un día de septiembre, paseando por los alrededores de Notre Dame, descubrí la nueva Shakespeare & Co., una librería de grandes ventanales, heredera de la que fundó en los años veinte Silvia Beach, un local repleto de fotografías de escritores y ediciones antiguas con una atmósfera tan literaria que podía sentirse entre las estanterías el fantasma de James Joyce. Fue el comienzo de una larga historia de amor.

Hay una edad en que el efecto de la literatura sobre la imaginación sólo es comparable al de una caricia, porque cuando una persona es muy joven e insensata, como cualquiera a los dieciocho años, puede caer en la tentación de pensar que hay páginas que han sido escritas única y exclusivamente para ella. Yo estaba segura de que T.S. Eliot había soñado The waste land pensando en mí, porque en quién si no podía pensar cuando escribió "agua caliente a las diez / y si llueve, un coche cerrado a las cuatro". Hoy, con algunos años más, sigo convencida de que no me faltaba razón, ya que, como dijo el cartero de Pablo Neruda: la poesía no es de quien la escribe, sino de quien la necesita. Y ese es el gran misterio del asunto, algo que se queda siempre fuera de las campañas institucionales de fomento de la lectura, porque si para algo sirve leer, no es desde luego para ampliar nuestros conocimientos, ni para ser más cultos, sino para equivocarnos mejor.

Solo hace falta pensar en los argumentos de algunas de las novelas que consideramos patrimonio de la humanidad: un lector autista y lírico de novelas de caballería que va por el mundo confundiendo molinos con gigantes, un hombre que se despierta una mañana transformado en insecto, un niño enfermizo y consentido que pone el canon literario patas arriba porque su madre no acude a darle un beso de buenas noches, un tipo medio demente que navega tras una ballena blanca y otro que se vuelve loco con la visión del sobaco de una pelirroja en el metro. Evidentemente no son argumentos ejemplarizantes, ni nadie en su sano juicio sería capaz de explicar por qué esos libros han llegado a ser nuestro tesoro más preciado. Sin embargo está claro que el mundo sin esas historias sería del todo inhabitable.

Cuando era estudiante solía meterme en las librerías con la misma ansiedad que sienten muchas adolescentes al entrar en una discoteca, esperando encontrar a alguien capaz de colmar sus anhelos. Rebuscar entre los libros era un ritual que tenía que ver con el deseo y la curiosidad que son los fundamentos de cualquier pasión. Y supongo que ese es el motivo por el que seguimos celebrando la feria del libro, no porque creamos que entre las páginas impresas se halle escondida la última verdad que haya que saber sobre la vida, sino porque existen reductos de la imaginación en los que todavía es posible encontrarse a un príncipe de la noche apostado en un estante como en la barra de un bar, que se dirige a nosotros preguntándonos por qué demonios hemos tardado tanto."


Solamente quería compartir la genialidad de este artículo :)

miércoles, 24 de abril de 2013

Mumble mumble mumble

Me temo que esta entrada va a ser para que una servidora pueda "fangirlear" por idiomas (porque eso es lo que hacemos los traductores). Bueno, en este caso solo del inglés, y más concretamente de las palabras que se emplean para diferentes risas. Y espero poder algún día hacer algo parecido con el francés, pero today is not that day. Y después de esta referencia friki a ESDLA, permítanme contarles cómo empezó todo: Chuckle.

Chuckle es una palabra que puede parecer bastante normal e inocua, pero respecto a la cual tengo muchos sentimientos. Porque si buscas chuckle en un diccionario bilingüe, te dice que es una risita. Pero NO es una risita. Es una risa de bajo volumen, sí; pero es una risa baja, grave, gutural. Tú no esperas que el malo más maloso del libro, el que tiene a su disposición los poderes más oscuros del mundo, cuyas palabras marchitan las plantas porque nada de lo que sale de su interior tiene el más mínimo ápice de bondad... suelte una risita. NO. Él chuckles.

 Aunque uno no tiene que estar en la Evil League of Evil para "chucklear". Muchos personajes masculinos utilizan este tipo de risa, y entonces a mí me hace pensar en barbas y camisas de cuadros, no me preguntéis por qué. Y cuando una mujer chuckles, es una risa grave, puede que disimulada, y decididamente sexy. Requisito imprescindible para las femmes fatales. Yo, es leer una mujer con esa risa, y tener un girl-crush casi instantáneo (gran palabra, girl-crush, por cierto). Porque lo que hacen normalmente las chicas es giggle. Y tampoco está mal como palabra, porque puede variar de una risita tímida y tierna (con mano intentando ocultarla y ligero rubor incluido, gracias) a el sonido más molesto jamás producido por un ser humano. Este último caso suele darse en adolescentes hormonadas, y en mi cerebro siempre tendrá como definición gráfica a Parvati Patil.

Por otra parte tenemos el cackle. La traducción que yo he encontrado es la de "carcajada", sin embargo, en un monolingüe se puntualiza que es una carcajada especialmente seca y brusca. Y además, también puede referirse al cloqueo de las gallinas. Lo cual hizo que leer en unos subtítulos para sordos "Lucifer cackles" (en una escena bastante siniestra y cargada de tensión) me resultara extremadamente cómico.

Por último, mientras que los giggles y chuckles pueden ser risas bastante discretas, las risitas disimuladas intencionalmente -por malas intenciones más a menudo que por buenas- son los sniggers (también conocidos como snickers en EEUU porque ellos son así y no pueden dejar algo bueno en paz, tienen que hacer remakes hasta de palabras), risa sin la cual Daniel el travieso no habría llegado a nada.

¿Comprendéis ya por qué el inglés me gusta tanto? Y la cosa no acaba aquí, porque hacen lo mismo con las sonrisas. Está el smile y el grin, que básicamente son lo mismo. Después está el beam, que en realidad solo cambia en cuanto a intensidad, porque es un beam of light, es una sonrisa de 90 vatios que ilumina toda la habitación y que a mí me gusta imaginar con hoyuelos, a ser posible, y los ojos muy entrecerrados para hacerle sitio, porque si no, no cabe en la cara. Y finalmente, está el smirk, mi favorita, porque es una sonrisilla satisfecha de gato que se ha salido con la suya y habla de travesuras y novatadas. Yo la prefiero un poco torcida, pero eso ya cada uno a su gusto.

Y sí, todo esto se puede expresar igualmente en español juntando las palabras adecuadas, pero lo que a mí me gusta y me resulta curioso es que el inglés no se ha conformado con añadirle otras palabras a laugh para expresar diferentes tipos de risas, sino que tiene un término especialmente escogido para cada una.

Y eso es todo por hoy. Espero que os haya sacado alguna smile o, al menos, que os haya entretenido. Tengo más palabras por las que fangirlear, por supuesto, pero mejor las dejaré para otra entrada, porque esto se ha quedado muy largo.

Peace out, bitches

 Nothing is so bad it can't be fixed with a nap - Carrie Snow

martes, 26 de marzo de 2013

Because I shouldn't sleep






"Se quitan los pijamas
pegados a su piel.
Quizás Oniria sueña
y él duerme sin saber."




Ay, Love of Lesbian. ¿Qué has hecho de mí? Yo antes molaba.
(Tranquilos, ponedme un telediario y se me pasa.)


I sauen aquel que diu...

I stayed up all night to see where the sun went. Then it dawned on me.
?

Because I shouldn't sleep, so I procrastinate.

sábado, 23 de febrero de 2013

Cosas

¿Por qué hacen que los niños pequeños llamen a las profesoras “señorita”? En mi colegio, estoy bastante segura de que la mayoría de ellas estaban casadas. Y desde luego, tenían la edad suficiente como para dirigirte a ellas de “señora”. ¿Acaso tenían idea de la confusión que podía causar esta norma en nuestras mentes infantiles? De pequeña estaba convencida de que “señorita” era su profesión. En mis primeros años de colegio, Henar era LA señorita. Y nadie nunca dijo nada para aclarar esta confusión.
Aunque de pequeña daba por sentado muchas cosas, como que el caldo para el arroz tenía que removerse con una cuchara vieja de madera, y no podía servirse hasta que yo le diera el aprobado. Y no importaba lo que dijera mi hermano, el mejor cuento antes de irse a dormir era aquel en el que un padre, a cambio de un campo de manzanos, vende a su hija al diablo, quien le robaba las partes del cuerpo que se mojaban con sus lágrimas cuando lloraba. Sin embargo, la peor pesadilla que podía tener era una en la que veía a alguien leyendo el periódico, y cuando lo bajaba para mirarme, descubría que era un esqueleto. También estaba convencida de que cuando jugaba con los bichos-bola estaba haciendo su vida mucho más interesante; y que mis padres no hablaban de ello, pero había un monstruo en nuestro sótano.

"A good laugh and a long sleep are the best cures in the doctor's book" - Irish proverb

viernes, 16 de noviembre de 2012

Apprivoise-moi ! disait le renard


                                                                         me tire por un acantilado con solo unas metáforas. Solo un pequeño puñado de metáforas y un poco de lengua. Para alimentarme de ellas. Para que bailen en mi boca. Contigo y conmigo. Con todas esas letras que hacen que quiera ser el lápiz entre tus dedos largos, profundos, de donde salen curvas imposibles. Dibújame. Píntame. No digas nada. Escribe sobre mí, sobre mis manos, con tus labios, con los dientes, no me importa. Escribe mil palabras en cien idiomas distintos. Átame con ellas, no quiero soltarme. Piensa. Imagina. Colorea el interior de mi boca. Tienes carboncillo en el cuello. Justo en esa hondonada que se hace más profunda cuando aspiras, mejor. Mánchate los dedos. Hay demasiada pintura. Nunca será suficiente. Lléname de colores y de frases sin acabar, de esas que viven para siempre. Quiero ser joven para siempre. Quiero las frases más peligrosas, las suicidas. Las que se tiren de un acantilado conmigo sin pensárselo. Cuando tú me lo digas. Convénceme de que

"Life is something that happens when you can't get to sleep" - Fran Lebowitz

miércoles, 11 de julio de 2012

Nessum dorma


Aquel día me hiciste una promesa. Sí, me di cuenta de que era una promesa, aunque tú en su momento quisiste que sonara a amenaza. Y yo te seguí el juego para complacerte y porque eso era lo que se nos daba mejor, ¿recuerdas? ¿Te acuerdas de todas las tonterías que decíamos cuando nos asegurábamos el uno al otro que todo iba a salir bien? Sí, cariño, tienes toda la razón. Y durante un tiempo volvíamos a una especie de cálida calma, que sabíamos que no duraría y que por tanto apreciábamos tanto más. Porque cuando esa calma se agotaba, nos despeñábamos, rodábamos sobre roca desnuda, nos despellejábamos, se nos caía la piel. Creo que los dos sabíamos cómo iba a acabar todo esto, y sin embargo, no hicimos nada para intentar evitarlo. Es verdad, amor, qué tonto soy. Porque daba igual que eligiéramos hacer lo que hicimos. Sabíamos lo que habría pasado si no lo hubiéramos hecho... ambos caminos llevaban a un mismo final. Y creo que – aún sin habernos atrevido a darle forma en palabras, ni siquiera en nuestras propias mentes – ese conocimiento era lo que nos empujaba por nuestro borde de abismo particular cada vez. Lo que nos mataba por dentro e hizo un agujero más profundo aún que el de aquella bala...


Sleeping is no mean art: for its sake one must stay awake all day - Friedrich Nietzsche